sábado, 7 de marzo de 2026

La cuarta tetera

Con amor para Daniela 


Todo en el mundo comenzó con un sí. 

 Una molécula dijo sí a otra molécula y nació la vida.

C.L


Tú y Santiago están a punto de dar el gran sí, un sí infinito que vibrará por toda la galaxia, un sí que invitará a más vidas, un sí que permanecerá en nuestra historia. Un sí bello, como tú dirías. Un sí dijo sí a otra molécula y nació la vida, Clarice siempre tan aguda, tan entendida: porque un sí es una puerta abierta, posibilidades que se multiplican no sabemos muy bien para donde. ¿Quién iba a pensar que terminarías siendo tú más bogotana que yo? ¿Quién podría suponer que estaríamos diez o doce años después presenciando tu sí multiplicado? Pero la vida es extraña, ya lo sabemos, y  ya sabemos que dejamos la Rue Sainte-Catherine con nuestro ingles a medias para regresar a un centro que palpita, una ciudad nueva para tí, la ciudad de mi infancia para mí. Bien sabemos que el amor se maquilla con diferentes acentos, que podemos jugar a decir je te love mientras hacemos ángeles nieve, pero que de golpe todo cambia y que, tal vez, quizás, por instantes no nos reconocemos. No sé muy bien cuantas vidas pueda a llegar a tener este amor que esta apunto de dar un sí casi eterno, porque vendrán noches y también días donde seguramente ambos sentirán que no vale la pena seguir persiguiendo aquel sí infinito. Y de seguro, alguno de los tendrá el coraje para inventar un nuevo juego para que renazca el amor, la pasión, la amistad, la complicidad, todo eso que sucede entre dos mundos que están dispuestos a dar un sí al mismo tiempo. 

Creo que ya habías partido de Montreal cuando empece a tomar fotos diarias, Demián me lo pidió, ya eran mas de ocho o nueve meses de ausencia, nuestro tímido sí perdía fuerza. Un juego de imágenes, ciudades y yuxtaposiciones que hoy te compartimos, un sí recuperado desde la distancia.

Y hoy comienza otro mundo, otra vida, porque el sí es tan potente que todo lo repara.

Tenía tan claro este texto en mi cabeza, las tres teteras, Donald Norman, mi cuarta tetera. ¿Cómo poner en palabras lo que quiero decirte? ¿Por qué tendría que impartir una bella frase para que recuerdes que el amor es eso melcochudo sin forma que pasa de repente entre un wrap de pollo y una sonrisa en Cartagena? Pero vamos a organizarnos con calma. Primero: buscaste el amor y lo encontraste. Segundo: diste el sí con miedo y recibiste más que eso. Tercero: hoy llevas el vestido de tus sueños y frente a todos los que te queremos dirás sí en voz alta. ¿Y después? Es el después lo que me importa, esas noches que empiezan a multiplicarse, sí, tras sí, que contienen instantes de belleza pero también de rabia, llanto, dolor, discusión, malentendido. Quiero decir esto pero no me atrevo, siento tal cosa pero no lo comprendo. Cora duerme plácidamente en mis brazos mientras intento terminar este texto, mientras intento descifrar cómo decir lo que quiero contarte. Hoy en tu gran día, yo estoy quitándote tiempo con mi tetera rota, porque el tecito de rooibos fue tan hermoso el sábado pasado, ese sábado donde nosotras habíamos hablado de tantas cosas, y después el tecito en la terraza usando una tetera que era de mi madre, pero esta rota, y la tengo aquí en casa para arreglarla, la vida misma que ya tiene bastantes cicatrices, como la que cargo en mi vientre con amor y dolor al mismo tiempo, amordolor, cicatrices que vendrán. Y aquella cuarta tetera me hace pensar en Donal Norman, en nuestra mañana con tecito y belleza, en Demián, en Cora, en mi mamada, en construir una familia desde el cuidado y los detalles inesperados que avivan el día a día. Nieve así de repente, ángeles en el parque, dos latinas incapaces de hablar de amores en ingles, caminando por la Rue Sainte-Catherine. 


Vuelvo y empiezo. Hoy, Santiago y tú, darán el sí que se multiplicará en el espacio, mientras yo te cuento sobre la cuarta tetera. Por fin. Donal Norman, diseñador estadounidense, en su texto “Las tres teteras” —no puedo creer que te este escribiendo esto en el día de tu boda— plantea que en todo objeto diseñado debe contener funcionalidad y utilidad, pero también disfrute, emoción, juego, rabia, y claro belleza. Con sus tres teteras de colección logra hablarnos de ese cotidiano, del te de la mañana, de su tetera para masoquistas, de su tetera cristalina, de su tetera inclinada, todas con una historia, con una anécdota, con una vivencia propia que hace que su vida alga la pena ser vivida. Y yo, aquí, hoy, con mi vestido tinturado con cascaras de cebolla, porque también intento que cada instante valga la pena, estoy aquí para decirte, que la cuarta tetera es el cuidado, es el kintsugi, es el amor contenido en toda cicatriz, en todo objeto que cuidamos con cariño así se haya roto un par de veces, en nuestro corazoncito recosido y remendado, que siguió diciendo un sí infinito.


Lo mas bello para ustedes y  toda una vida de complicidades 


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