jueves, 24 de abril de 2025

2025.04.24

Mamá soñó con un pequeño local durante muchos años, o bueno eso aseguran mis hermanos y las amigas cercanas porque ella, Magdalena, dice que poco recuerda. Lo que si tiene bien claro y me lo ha repetido varias veces es que el nombre de ese pequeño local que abrió sus puertas en el 2005 iba a ser tan solo Amaranto. Allí, en la Cámara de Comercio de Chapinero, junto con Catherine Niño, buscaron una rápida solución ante el registro ya realizado del nombre esperado: Quinua y Amaranto, fue el nombre dado en un momento donde ninguna de las dos semillas contaba con la popularidad que ahora tienen.

Ni mi madre ni mi esposo que ahora hace parte también de esta historia ni yo pensamos nunca en replicar lo que sucede en es pequeño espacio en La Candelaria. Cuando alcanzábamos a dibujar la idea de abrir otro local sabíamos que tendría que llevar el aire, pero ser otra cosa, ser lo que ese espacio nuevo necesitara. Pero las vueltas del destino nos confrontan y, veinte años después, debemos pensar en la posibilidad de cambiar nuestro nombre.

¿Por qué? Porque estamos creando nuevos futuros.

También porque no nos interesa entrar a jugar una guerra legal de registros que ya de por si nos genera tantas preguntas. 

Claro que hay tristeza de fondo, porque un nombre o mas bien la capacidad de nombrar le pertenece a lo humano, y tal como lo dice Walter Benjamin, al nombrar comunicamos nuestra propia entidad espiritual donde el lenguaje forma una unidad (con aquello que es nombrado) como si fueran fruto y cáscara. Y este fruto es de mi madre y de toda una red de personas que han estado desde la década de 1980 abriendo camino.

La cáscara es un nombre sí: Quinua y Amaranto es la cáscara con la que algunos nos reconocen,  es un nombre que no nos permite establecer una nueva relación con el mundo porque son dos palabras que le pertenecen a Latinoamérica. Tampoco es un nombre que nos permita establecer una perspectiva propia que logre establecer una nueva experiencia —en Santiago de Chile hay un restaurante llamado Quinoa que nos morimos por conocer—, ni mucho menos es un nombre que nos permita generar una función trascendental que conecte el lenguaje humano con lo divino, porque realmente en estas tierras la quinua, quinoa, kinwa, suba, supha  o mejor para nosotras seudomodernas el nombre científico chenopodium quinoa ya fue y sigue siendo un fruto sagrado sin importar la cáscara o manto del rey, como decía Benjamin, con el cual se decore.

Pero, era nuestro nombre, el nombre que le dio mi madre a aquel proyecto.

Era nuestro nombre.

Tras escribir esto, quizás el problema real no es el nombre, la pregunta verdadera es si estamos, desde nuestro hacer, rindiendo tributo verdadero a estos frutos, semillas sagradas.
Y mientras seguimos pensando cómo resolver este acertijo de robos, copias y registros, tenemos tiempo aun para seguir trabajando en el tributo verdadero, nuevas experiencias que nos permitan acercarnos al fruto de nuestro hacer.




martes, 11 de marzo de 2025

2025.03.11

Nota n1:
Llevo varios meses con el video en mi cabeza: primero sale mi mamá hablando sobre los veinte años de la apertura de Quinua y Amaranto, después salgo yo diciendo que los cambios no han sido fáciles pero que también nos han traído otros aprendizajes y muchas alegrías, después sale Demian, y claro que se vea mi panza grande y hermosa con sus 36 semanas de gestación, que se vea como ese lugar, ese pequeño lugar de 24 puestos ha dado para tanto. ¿Qué tan felices hemos hecho a los otros? Parece que mucho. 

El video sigue rondando en mi cabeza desde el día en que nos felicitaron por nuestra nueva sede y nosotros no entendíamos que estaba pasando, el video ha estado ahí, pensando en los likes y en las interacciones que vendrían, en los comentarios justos frente a nuestro quehacer, en los cometarios negativos frente a esos seres que no tenemos ni la mas remota idea por qué están haciendo lo que están haciendo —registrar un nombre de un lugar que ya existe y montar un negocio con ese mismo nombre a diez cuadras de nuestro local—. Pensamos que después de una par de días abiertos se habrían dado cuenta que la cosa no funcionaba, que no era tan simple como apropiarse de un nombre, que comprendieron el error y el daño que se estaban haciendo, pero no: el local ahora parece que se a ajustado un poco más a nuestros colores, y evidentemente sigue abierto. ¿Qué puede venir para nosotras? ¿Una demanda por el uso de un nombre que registraron en el 2020 o 2021? Dos palabras que ademas le pertenecen a Los Andes y a las comunidades que sembraron la tierra, adoraron esas semillas sagradas y nos guardaron en un rinconcito de su Saber Supremo los máximos regalos con los cuales hoy nos podemos alimentar libre y felizmente.
Hoy no hay video, hoy no hay estrategia de comunicación, solo un sentir desde mi panza palpitante por mi hija que viene en camino y crecerá junto a las ollas con sopa de amaranto, las empanadas de quinua en el horno y los clientes de ese pequeño refugio en La Candelaria que, y bien lo sabemos, ha sido también refugio para muchos.





Nota n2: 
Esté blog llamado Eslou Vanidad también estaba en momento de quietud, surge tras un cafe con Erika Cuervo: sería un blog para hablar de mujeres poderosas que han tomado las riendas de sus destinos y ven en la lentitud una nueva forma de vida. Pero vino la maternidad, y vinieron otros cambios, y el proyecto había perdido sentido. 

Hoy, diario extraño, se convierte en una forma de escape, una forma de contar la historia de mi madre, Magdalena Barón, que en la década de los noventa probó la quinua en Bolivia y casi enloquece, vendrán las historias de esas sopas espesas odiadas en la infancia, de las esfijas de tofu en mis cumpleaños, y claro, lo que ella, Magdalena, también quiera contarnos. Vendrán las historias de esas mujeres que han sido palanca e inspiración, de las recetas que nos hemos copiado de Marcela Abreu, de ese camino que muchas y muchos han recorrido buscando…¿Buscando la salud? ¿La armonía? ¿La verdad? Camino al fin y al cabo, un camino que hoy parece estar de moda, pero que otros recorrieron y abrieron para nosotros, para mí, para mi familia y para mi hija que pronto ya viene.


*** Estaremos recolectando, escuchando, transcribiendo todas las historias que quieran compartirnos, historias que hayan vivido en nuestro local y los hagan felices.


Flores de saúco

 Patricia nos habla sobre su saúco gigante, plantado hace ya unos veinte años en la tierra fertil de los solares de La Candelaria. Su hijo s...